miércoles, 19 de noviembre de 2014

Contaminación lumínica



Con la llegada de las fiestas navideñas, se decoran las calles con adornos luminosos, es por ello un buen momento para recordar que la luz también puede ser un contaminante.

La luz artificial se considera un contaminante cuando se emite hacia direcciones a las que no se necesita, y en horarios o lugares en los que nadie  precisa  de esa luz.

En ocasiones la luz artificial dirige parte de su luminosidad al cielo, esta luz choca con las partículas que hay en la atmósfera y se produce el característico halo luminoso que puede apreciarse por encima de las ciudades, incluso a decenas de kilómetros de distancia.

Otra forma de contaminación lumínica es la intrusión de la misma hacia lugares donde no se necesitan, es claro el ejemplo de las farolas de la calle que llegan a iluminar las habitaciones de las casas donde las personas duermen y no requieren, e incluso les es molesta esa luz externa.

El deslumbramiento también es una forma de contaminación lumínica. En ocasiones una luz artificial de excesiva intensidad incide sobre nosotros  y nos impide ver correctamente. Esto es muy característico en carretera, cuando un vehículo no quita las luces de largo alcance al encontrarse otro vehículo de frente. Este deslumbramiento puede ocasionar graves accidentes.

Todos estos ejemplos provocan un sobreconsumo eléctrico y contaminan el medio.

Además de ello, la luz afecta a todos los biorritmos, de animales, plantas e incluso de los seres humanos. Muchos seres vivos utilizan la luz natural de la luna y las estrellas para orientarse, al localizar una fuente de luz artificial nocturna, estas especies se desorientan. 

Los insectos, por ejemplo,  se ven atraídos por la luz de las ciudades y dejan su hábitat natural. Esto además de provocar plagas de insectos en las ciudades, afecta al ciclo de vida de sus depredadores, que dejan de tener su fuente de alimentación disponible. 

Aunque la luz artificial causa numerosos problemas, aún tenemos la posibilidad de hacer frente a los mismos. Aquí tienes una serie de consejos que puedes integrar en tu día a día para evitar la contaminación lumínica:

- Evita la emisión de luz hacia el cielo/techo: Utiliza bombillas orientadas hacia lo que realmente quieres iluminar.
- Apaga la luz siempre que no se necesite: esto es aplicable tanto a los hogares como a edificios con alumbrado decorativo, y espacios donde no se requiere la luz a determinadas horas.
- Reduce la potencia instalada en la tarifa eléctrica y mantén correctamente la instalación eléctrica de tu hogar para minimizar el impacto de la contaminación lumínica.
- Utiliza lámparas de bajo consumo, que no contengan mercurio ni otros metales pesados. Evitarás así además otros problemas de contaminación del medio ambiente.

¿Conocías el problema de la contaminación lumínica? A partir de ahora fíjate en los focos de luz que hay a tu alrededor e intenta reducir tu contaminación lumínica al máximo. Si todos ponemos de nuestra parte, la contaminación puede minimizarse muchísimo. Pásalo a todos tus amigos y comienza a cuidar tus ojos al mismo tiempo que cuidas del medio ambiente. ¡Feliz día a todos!

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